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Entrevista sobre sexualidad en AR

Sexualidad

Entrevista con la Dra. Ana Rosa Jurado

La Dra. Jurado es Doctora en Medicina y Sexóloga. Es Directora Académica del Máster de Sexología Médica de la Universidad Europea del Atlántico (Santander), Coordinadora del GT de Atención a la Mujer de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN) y Presidenta del Instituto Europeo de Sexología (Marbella, Málaga).

Buenos días, Dra. Jurado. ¿Cómo resumirías en qué estado está actualmente el enfoque de la sexualidad en relación con las enfermedades autolimitantes?

Un resumen sería que, en nuestro medio, la sexualidad humana ha sido históricamente “permitida” en términos reproductivos. El derecho al placer no ha sido reconocido hasta la actualidad, concretamente hasta la Declaración Universal de los Derechos Sexuales de Valencia, en el año 1997.

Cuando dices “permitida”, ¿te refieres a que cualquier otro enfoque de la sexualidad todavía se omite y/o está “mal visto”?

Sí, y no sólo eso: la visión reproductiva de la sexualidad exige de individuos jóvenes (en edad reproductiva) y sanos, por lo cual se ha interiorizado durante siglos que las personas “enfermas” no son sexualmente activas. La prueba de esta distopía es el hecho de que no se aborde la sexualidad en el currículum de las profesiones sanitarias, o que los protocolos asistenciales obvien esta importante materia en el abordaje de la gran mayoría de las enfermedades, incluso las relacionadas directamente con los órganos genitales, que participan directamente en la actividad sexual. El tomar conciencia de estas deficiencias y dificultades supone el primer paso para el cambio. Y el cambio pasa por poner sobre la mesa la sexualidad de los/as pacientes.

Photo by Harli Marten on Unsplash.

¿Cómo afecta esto al caso concreto de la artritis reumatoide y otras enfermedades reumáticas?

La artritis reumatoide es una enfermedad como otra cualquiera, en cuyo abordaje terapéutico no se incluyen recomendaciones que favorezcan la actividad sexual, y apenas existen algunos estudios sobre la sexualidad de las personas que la padecen. El personal sanitario prioriza el tratamiento sintomatológico y de control de la enfermedad, haciendo referencia en sus recomendaciones a las limitaciones de movilidad y a la mejora de la calidad de vida, obviando de forma fragante uno de los aspectos que más influye en la Calidad y en la Percepción de Salud de las personas, su sexualidad.

Es decir, que tendría una importante carga sobre la calidad de vida.

Por supuesto. Cualquier enfermedad provoca alteración de la autoimagen, y sentimientos de inadecuación a la hora de pedir ayuda o simplemente hablar sobre la Sexualidad, pero además genera cambios en la autopercepción como ser sexuado, como ser deseante y/o deseado. Además, las personas dudan sobre qué personal sanitario puede ser el más adecuado, pues en la Sanidad la profesión de la Sexología no está visibilizada de forma generalizada.

¿Qué podríamos hacer los pacientes y parejas para minimizar esos problemas?

Yo siempre animo a las personas en esa situación a mantener su actividad sexual, a no perder esa capacidad, ya que es importante para la autoconciencia y la autoimagen, que pueden verse afectadas en enfermedades crónicas como la artritis reumatoide. La idea es reconocer la actividad sexual como una fuente de bienestar, de mejora de la autoestima y de refuerzo de la intimidad de la pareja (si existe); en la que la práctica sexual se presenta como una práctica amable, sin presión (ni de objetivos, ni de resultados), desdramatizada, desgenitalizada, y sin más finalidad que el placer. Así, las personas sienten la invitación a adecuar sus prácticas a sus circunstancias de salud de la forma más beneficiosa para ellas y sus parejas, y a vivir una sexualidad menos vulnerable a las condiciones físicas.

¿Qué puede hacer ese/esa paciente que no siente que haya la confianza suficiente con su especialista como para poder sacar el tema?

Su especialista es la persona que mejor conoce su enfermedad y la que va a hacer el seguimiento de forma continuada. Es difícil no llegar a tener la confianza suficiente; pero si no se siente cómodo/a por el motivo que sea, siempre puede consultar con profesionales de la Sexología. Lo más importante es tener una actitud proactiva en beneficio de su sexualidad porque esto afectará a la calidad de vida y a la actitud que mejor les conviene para el abordaje de una enfermedad crónica. Preguntar de forma clara sobre cualquier tema de salud es siempre adecuado y genera confianza también en su médico/a en relación a su implicación personal en el tratamiento.

Sin embargo, no es nada fácil sacar el tema en mitad de la consulta.

Claro, el personal sanitario se encuentra sus propias resistencias a hablar sobre un tema que, en la Sociedad en general, no se habla, además de contar con escasa formación para afrontar dificultades importantes, lo cual no aporta seguridad a su posible actuación. El Sistema Sanitario tampoco favorece la actuación en sexualidad, puesto que no siempre procura la intimidad necesaria para su abordaje, no cuenta con protocolos asistenciales en los que se incluyan recomendaciones al respecto y no ofrece formación a sus trabajadores/as en la materia.

¿Qué les dirías a los y las pacientes que tienen dificultad o miedo para comentar este tema?

Lo que suele predominar en los/as pacientes es el sentimiento de inadecuación, de vergüenza; por eso es importante que el/la profesional saque el tema y se sienta de algún modo “autorizado/a”. En cualquier caso, animo a las personas enfermas a tener en cuenta que su sexualidad es importante y que es algo a lo cual no hay que renunciar, en beneficio personal y de su relación de pareja. Del mismo modo que preguntan sobre el mejor uso de la medicación o sobre cuestiones de movilidad, fisioterapia, etc., lo ideal es preguntar con naturalidad por su actividad sexual y hablar sobre sus dificultades o sobre las modificaciones que pueden esperar en función de sus circunstancias de salud.

¿Hay algún consejo práctico que pudiésemos darles?

Es posible que la enfermedad les lleve a modificar sus prácticas sexuales para adaptarlas a sus circunstancias de salud. En caso de que esto no esté ocurriendo, también es adecuado explorar otras prácticas sexuales más amables, menos exigentes con las posturas, y más relajadas, que fomenten una sexualidad con mayor intimidad y menos vulnerable a los aspectos físicos. También es muy adecuado programar los encuentros sexuales, como se hace con cualquier otra actividad lúdica (un viaje, una salida, una cena). Esto permite tomar descansos previos (si son necesarios), aclimatar la habitación, y el autocuidado y preparación que predisponen al relax y a la conexión con la experiencia erótica. Acostumbrarse a las sesiones de caricias mutuas, por turnos, es una buena forma de desgenitalizar la actividad sexual, pues se focaliza la atención en las sensaciones del resto del cuerpo y se dedica un tiempo precioso al cuidado de la pareja.

Antes mencionabas el impacto sobre la calidad de vida del paciente. Obviamente, parte de este impacto recae también en las parejas. ¿Qué consejos podríamos darles a esas personas que tienen una pareja con artritis reumatoide y esto les supone dificultades en el plano sexual o íntimo?

Las parejas de las personas con AR, o con cualquier otra enfermedad crónica, suelen preocuparse por la salud de su pareja, y permitir que sea la persona afectada la que decida sobre sus actividades. Pero han de tener en cuenta que la autoestima sexual del/la paciente puede verse afectada porque se afecta su autoimagen, con lo cual es posible que no se sientan deseables y tengan dificultades en llevar la iniciativa. Del mismo modo que les animan y les acompañan a seguir manteniendo otro tipo de actividades, el hecho de hablar del tema, animarse mutuamente y mostrar abiertamente la predisposición a seguir las recomendaciones de adaptación puede ser fundamental.

¿Hay algo que puedan hacer para hacer más fácil la comunicación sobre este tema con la pareja con problemas reumáticos?

Ante el diagnóstico de una enfermedad crónica se suele recomendar a las parejas que intenten “normalizar” su vida cuanto antes, teniendo en cuenta las circunstancias de salud, pero sin olvidar que su vida es más que la enfermedad. Agendar sus momentos de ocio compartido puede llegar a ser una buena forma de desconectar de las preocupaciones, y de encontrar momentos de intimidad no erótica que les favorezca la comunicación. Planificar las salidas, las actividades compartidas, y las “escapadas” de pareja, favorecen la intimidad y la comunicación sincera, además de reforzar la amistad y el compromiso de la relación.

Muchísimas gracias por tu tiempo y por una entrevista tan interesante. Para cerrar: ¿Alguna última recomendación o comentario en relación al futuro (p.ej., teniendo en cuenta contexto actual de COVID19, cómo el confinamiento nos afecta en la esfera íntima)?

Es curioso que se estén dando algunas normas para las prácticas sexuales relacionadas con la COVID- 19, y que no se tengan en cuenta las dificultades añadidas que una enfermedad crónica pueden suponer. Según los estudios, el confinamiento no ha afectado al deseo sexual, pero si a la frecuencia de las relaciones sexuales, fundamentalmente por disminución de la privacidad en las casas. Las parejas que tengan ese inconveniente, además de tener una enfermedad crónica, verán probablemente más mermada su actividad sexual, pero todas las recomendaciones están a favor de seguir favoreciendo prácticas sexuales con menor contacto físico, sobre todo si hay riesgo de contagio (internet, autoestímulo, etc). Esto es una situación temporal. Lo ideal sería que la pandemia de la COVID-19 no acabara con la sexualidad humana, ni en las personas sanas, ni en las afectadas por otras enfermedades. La clave: fomentar la imaginación y no dejar de conquistar a la pareja.

 

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MAT-ES-2004026/v1/Noviembre2020