La Artritis Reumatoide es una enfermedad crónica

Los síntomas generales, que a veces preceden a las manifestaciones articulares y tienden a persistir durante toda la evolución del trastorno, incluyen básicamente cansancio, sensación de malestar, fiebre ligera, inapetencia y pérdida de peso corporal.

Las posibles manifestaciones extraarticulares, que suelen presentarse cuando la enfermedad ya está establecida, afectan principalmente a la piel, los vasos sanguíneos, el corazón, los pulmones, los ojos y la sangre.

Es común en los pacientes con Artritis Reumatoide la depresión, derivada del dolor crónico, pero también consecuencia de las limitaciones funcionales, y del impacto social y laboral que esta enfermedad produce en el paciente.

Pero está demostrado que las personas que reciben tratamiento al principio de la enfermedad se sienten mejor más pronto y tienen más probabilidades de llevar una vida activa. También son menos propensas a tener el tipo de daño articular que requiere del reemplazo de la articulación.

Es probable que el médico de cabecera a quién visitas habitualmente pueda identificar la sospecha de AR, pero éste te derivará al Reumatólogo, que será el especialista que establezca el diagnóstico definitivo e instaure el tratamiento adecuado.

Síntomas articulares

Dolor articular e hinchazón especialmente en articulaciones de manos y pies. Con afectación simétrica de múltiples articulaciones.

Rigidez matutina, que dura al menos una hora.

Con el tiempo, sin un tratamiento adecuado, las articulaciones pueden perder su rango de movimiento y deformarse.

Síntomas no articulares

A menudo también se dan otros síntomas no asociados a las articulaciones.

Fatiga o cansancio

Sequedad de boca

Dolor de cuello intenso y persistente

Hormigueo en manos o pies

Debilidad muscular

Adelgazamiento

Sensación de malestar

Sequedad en los ojos, sensación de arenilla y ojos rojos

Fiebre inexplicable

Bultos en la piel de algunas articulaciones, llamados nódulos reumatoides